martes, 4 de diciembre de 2018

El Niño y la Semana Santa







EL NIÑO Y LA SEMANA SANTA

Semana Santa. Primera luna llena de la primavera. La renovación de la naturaleza y la pasión de Cristo van de la mano. Durante unos días, todos nos sentimos identificados con el personaje de Jesús. Desaparecen las diferencias, las clases sociales y las ideologías. ¿Quién no ha sentido alguna vez el abandono, la traición, la duda, de las largas horas de la pasión? Los sentimientos de un cristiano florecen. Y salen procesiones. Hoy saldrá la “oración de Jesús en el Huerto.”

El niño había estado enfermo. La madre quiso alegrarlo. Le calzó zapatos nuevos. Lo vistió con traje de domingo.
- ¿A donde vamos, mamá?
- A la procesión, hijo. Es muy bonita.

Salieron de casa. Cerraron bien la puerta para que nadie extraño penetrara. Asidos de la mano subieron la calle “del Obispo” y llegaron a la plaza de san Juan. Había mucha gente. Hablaban y esperaban. Ellos también tuvieron paciencia. Se oyeron unas voces:
- Ya viene la procesión.

Aparecieron las filas de nazarenos. El  niño miraba con sus vivarachos ojos. Y levantó el rostro hacia su madre:
- ¿Por qué llevan esas capas tan largas?
- Son de la Cofradía, hijo.

- Mamá, ¿por qué se tapan la cara?
- ¿Por qué llevan esos gorros tan grandes?

- ¿Por qué tienen en las manos esas velas tan largas?
- ¿Por qué van descalzos?

Las palabras se elevaban enredándose en el aire fresco de la noche. Se oía ya la música que amenizaba una saeta. “¡El paso! ¡Ya está ahí el paso!”. Todos competían para verlo bien.

- Mamá, ¿ese es el Señor? Qué manto más bonito. ¿Y que hace?
- Está de rodillas
- Por qué?
Está rezando, pensando en la sangre que va a derramar cuando lo azoten, en una corona de espinas que le van a clavar en la cabeza, en los amigos que le van a abandonar. Está sufriendo.

 - Y que ha hecho.
 - Era muy bueno, hijo. Habló de que somos hijos de Dios, enseñó cosas muy bonitas para que nos amáramos y no hubiera guerras. Detrás van esos tres, que eran sus amigos.

Se oyó una saeta. Todos callaban y prestaban sus oídos.
“¡La Virgen, viene la Virgen!” Centenares de ojos se clavaron en aquella imagen.

- Mamá, tiene un manto precioso y lleva muchas flores.
- La han preparado la Cofradía. El Hermano Mayor está enfermo, pero saca fuerzas para que salga brillante. Es como la luna detrás del sol.

- Tiene lágrimas en la cara.
- Va llorando, hijo mío. Una madre llora cuando ve al hijo que sufre.
- ¿Y por que sufre?

- A su hijo, que es muy bueno, le van a dar muerte en una cruz.

Aquella madre, quedó triste. Se acordó de su padecimiento cuando su hijo estaba enfermo y le tuvieron que operar.

Cuántos interrogantes tiene una Procesión de Semana Santa. Es tiempo de reflexionar. Esperamos, temblamos, soñamos, nos sentimos parte de un pueblo elegido. Los sentimientos de un cristiano florecen al contemplar una procesión y comprender lo que significa. Dios nos ha salvado con sufrimiento. Ha demostrado su verdad, muriendo por ella.
                                                                                    
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